domingo, 8 de agosto de 2010

Te quiero, rubia.

Quince de abril de mil novecientos noventa y siete. Ese día nació la rubia más bonita que ha pasado por mi vida. Estuviste algunas semanas en la tienda hasta que unos terremotos llamados Borja y Natalia llegaron y dijeron, "la quiero". Mi tía no quería comprarla, no quería perros en casa, pero nadie la apoyaba, todo el mundo quería comprar esa perra. La llevaron a casa, en su cuna de mimbre y allí empezó su historia y un poco de la mía.

Yo tenía 5 años y tampoco me paraba a pensar que ella me iba a marcar tanto. Yo de pequeña era un poco bruta y sólo quería achucharle todo el día y claro, ella acababa hasta las narices de mi. Pero poco a poco tanto ella como yo fuimos creciendo, yo me fui haciendo más "madura" y desde hace unos años yo no me separaba de ella ni ella de mi. Siempre que entraba por la puerta ella venía para que la cogiera, para que la acariciara y si no lo hacía, me buscaba la mano.

Ella ha sido quien me enseñó el verdadero significado de tener un perro, de querer y que te quieran, de fidelidad y de amor. Ella me ha dado esas cosas, me ha dado muchas mas cosas que incluso algunas personas. Siempre estaba allí cuando yo estaba mal, por que ella lo sabía, que le necesitaba y ella venía y me miraba con esos ojos como diciendo "no estés mal, yo estoy aquí". Con ella he pasado muchísimos momentos, tanto buenos como malos, con ella he crecido y ahora que no está, se le echa mucho en falta, incluso mas de lo que me imaginaba. Ya no está ahí cuando entras por la puerta en su colchón, mirándote y moviendo la cola. Ya no está ahí cuando te tumbas en el sofá y ella venía a mirarte para ver si la dejabas subir y ponerse a tu lado, para que le acaricies.

Aunque ahora no esté conmigo físicamente sé que está dentro de mi, dentro de Borja, dentro de Natalia, de María Jesús, de Toño, de Mamá, de Papá, dentro de todos nuestros corazones por que ella fue nuestra primera perra, la más bonita de todas. Y aunque no esté en casa, detrás nuestra para que le acariciemos, sé que cuando bajé a Dehesas puedo ir a su rincón, donde está ahora a pensar en ella, a pensar en todos nuestros buenos momentos y pasar allí toda una tarde entera, por que si tengo que pensar en todos los momentos, podría quedarme allí días y días.

Gracias Jordan, gracias por ser más bonita que ninguna, por ser la estrella que más brilla y sobre todo por haber formado parte de mi vida, que aunque todavía me quede mucho por vivir, puedo asegurar que nunca se me va a olvidar ni su cara, ni todo lo que vivimos. SIEMPRE JORDAN, SIEMPRE.

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