viernes, 6 de agosto de 2010

Jordan, mi rubia.

Cuando era pequeñita, cuando llegó a casa siempre se escondía de mi, por que yo le agarraba de las patas, la hacía rabiar como nadie y ella se enfadaba, aunque lo que ella no sabía era que yo lo hacía por que la quería achuchar todo el día, aunque yo era un poco bruta. Día tras día fuimos creciendo, tanto ella como yo y desde hace unos años, para mi es como si fuera mi hija. Cada vez que llegaba a casa ella movía el rabo y venía conmigo, se subía en mis piernas y yo la acariciaba la barriga, cuando yo tenía un mal día ella venía conmigo y se ponía a mi lado mirándome con esos ojitos y hacía que sonriera como sólo ella sabe. Yo sabía que tenía que llegar el día en que ella ya no tuviera fuerzas para seguir, pero nunca pensaba que fuera a llegar así, tan pronto, o quizá no tan pronto, si no que a mi se me ha hecho muy corto.
Mañana puede que sea el día en que ya no estés aquí físicamente, pero sé que aunque no estés aquí como antes, en mi corazón siempre habrá un hueco para ti, por que cada vez que escuche "suavemente" me acordaré de ti, por que cada vez que llegue a casa, pensaré en ti, por que cada vez que esté mal y tú no estés para mirarme, pensaré en ti. Ayer al verte tan triste, te dije que te quiero, pero me quedaba darte las gracias por haberme aguantado tanto tiempo y por hacerme sonreír tantas veces, por que te quiero rubia, te quiero mucho mi pequeña juguetona, siempre estarás aquí, en mi corazón.
TE QUIERO JORDAN.

No hay comentarios:

Publicar un comentario